Maria Vallina


La suciedad del tiempo
diciembre 11, 2009, 8:00 pm
Filed under: Exposiciones Individuales

La suciedad del tiempo.

1. La pintura sobrevivió al discurso contemporáneo de la reproductibilidad del arte. Ella sigue atravesando aquel desierto que hace a la obra ser única. Sin embargo, en el paisaje de su mirada se vierte un gesto incendiado que resulta imposible de imitar. El arte sigue siendo revolucionario. Walter Benjamin halló su silencio.

2. El espacio en el arte se ha quebrado. Sólo son fragmentos sus posibilidades: instantáneas de cada mirada que juegan con la eternidad de la obra. Esa pintura que es sólo una acurruca en su existencia la infinidad de ojos que la atraviesan. Los espacios contemporáneos del arte están disueltos. Se oye el grito de su violencia.

3. No hay arte sin deseo. Éste atraviesa el cuerpo vertiendo la brutalidad que nos acerca al animal. Incluso grita cual Antígona ante el cadáver de Policlines, quebrado por su tensión esencial, súbdito del tiempo.

4. El espejo que delinea los límites del cuerpo con arrebato retiró su máscara. Una mano que palpa encontrando lo que somos, aquello que nos hace y no era visible. Una danza de vísceras, huesos, arterias nos deconstruye. El deseo desafía la suciedad del tiempo. El gesto se hace eterno y efímero.

5. Aquel día una mano inmortalizó su mirada. Trajo a un instante todo aquello que abarcó en su recuerdo. Una danza de sombras y cuerpos traslúcidos brotó en rojo, sangre. -Maravillarse ante lo terrorífico-. El tiempo tornó delgada la capa de la memoria. Los cuerpos se fragmentaron. Caminan hoy sin contexto, y en su grito invocan fútilmente las partes que perdieron.

6. El arte clásico marca la distancia entre espectador y obra, autor y observador. Funciones explícitas abren simas. Una mujer adulta salió a dar un paseo. Por casualidad se vio frente a un Tiziano. Deseaba comérselo, se acercó, y mordió uno de los restos de óleo. Se oían los gritos de dolor del pintor en su tumba. El pequeño despojo aurático se instaló entre sus dientes. Nunca se supo si eligió vivir en ese espacio. Sólo se conoce su pasión por la saliva, los restos de comida, la suciedad de un animal humano que devora carne. Pasión porque el tiempo masticado hace cambiar al óleo su color. Empastes irisados, formas múltiples. María Vallina, una mano, el gesto que quiebra la mirada. No somos yo sin su obra. Ella se instaló en la piel, en la carne de nuestra experiencia. Por un casual fuimos nosotros quienes pintamos aquel cuadro.

Nieves Soriano Nieto

La Suciedad del tiempo

Exposición Individual

Galería Jose Robles

Madrid, diciembre 2009

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